Tras los pasos de Marianne North

Por qué este viaje botánico

Como muchas cosas en mi vida, partiré diciendo que no me acuerdo.

Creo que conocí la obra de Marianne North en el libro "La flora Chilena en la mirada de Marianne North", publicado en esa época por editorial ocholibros. No hay manera de que haya podido financiar ese libro en ese momento, así que asumo lo encontré en una biblioteca o en manos de algún colega.

No podía creer que una artista inglesa, burguesa, victoriana con faldones y protocolos, hubiese venido a Chile, y sobre burros haya subido cerros para buscar algunas de las especies más fascinantes de Chile. Suma al argumento que Puya alpestris, la puya azul, es mi especie favorita de la flora de Chile.

puya alpestris La famosa puya azul

Cuando leí un poco sobre su vida, supe que empezó a pintar después de la muerte de su madre, y que años después, decidió viajar por el mundo cuando su amado padre falleció. En su momento me pareció muy llamativa su decisión, pero años después, sentí afinidad por el deseo de emprender grandes viajes cuando pierdes algo que amas. Como si el universo te pidiera recorrer cientos de suelos y mirar cientos de ocasos para empezar a honrar lo que perdiste.

A pesar de que las obras de North tienen una breve descripción sobre el sitio y año en el que se pintaron, pasaron varios años hasta que asimilé que el sitio en el que retrató esa puya azul no está muy lejos de casa. Que es una zona que se puede visitar; es un paisaje que -aun- se puede volver a ver.
Eso motivó algo en mi.

Hoy los ecosistemas sufren sus más violentas transformaciones y los paisajes se hacen irreconocibles e irrecuperables en apenas meses. Por eso, cuando veo las obras de Marianne North, pienso en lo perdido y lo recuperable. Me pregunto cúantos de esos paisajes podría volver a ver hoy. ¿La mitad? ¿Casi ninguno?

Siempre sentí atracción por las ruinas, por los cementerios, por lo antiguo. No por un interés histórico; tengo poco de eso. Es por la necesidad de ver hoy el testimonio físico de algo que fue mucho más grande que un objeto. Me gusta la desproporción material y simbólica entre las cosas -como un camino de adoquines- y su sistema humano -religión, comercio, política-.
Pero eso no pasa con las plantas. No es tan común relacionar un paisaje o la identidad de un vegetal con un relato concreto; mucho menos como una ruina.

Para mi, visitar hoy los paisajes que pintó Marianne North hace 130 años es sin duda un exploración histórica y ecológica a gran escala; pero también es un enfrentamiento auto-forzado con el cambio, la violencia, el afecto y el despojo. Es espacio y objeto, pero también el relato sensible que nace de observar el trayecto de la vida vegetal.